No es lo mismo un rehogado que un sofrito. Ambas son técnicas de cocción, pero con una ‘pequeña’ diferencia: la temperatura a la cual se cocinan los ingredientes. Algo parecido ocurre con los mármoles y travertinos. Estas piedras cuentan con un denominador común -pertenecen a la familia de las calizas– pero la clave para diferenciarlos está en su formación. Tanto los mármoles como los travertinos son sometidos a altas presiones y temperaturas, pero mientras que los mármoles son rocas metamórficas, los travertinos son rocas sedimentarias; formadas en cuevas termales y cuevas de piedra caliza.

Si nos fijamos con detenimiento, la apariencia entre una piedra natural y otra tampoco es la misma. Una superficie más uniforme y satinada, o, incluso, con un cierto brillo, hace inconfundible al mármol frente a la rugosidad y rusticidad que muestran los travertinos, con sus característicos y pequeños orificios.

Otra de las grandes diferencias entre mármoles y travertinos reside en la paleta cromática. La infinidad de colores que ofrece el mármol es otra de sus señas de identidad; junto a su patrón veteado. A los tonos claros (blancos, grises, beige, etc) se suma el increíble contraste de tonos vivos y más llamativos como rosas, azules, verdes e incluso negros. Mientras, los travertinos se mueven más en un espectro de tonos tierra (crema, marrones, dorados e incluso rojizos), perfectos para conseguir un toque natural y lleno de calidez.

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Usos de mármoles y travertinos

Ambos son piedras duras por lo que son perfectamente válidas para una vivienda, resistiendo tanto el calor como el desgaste diario natural. Pero, según el empleo que le vayamos a dar encontraremos más apto uno u otro material.

Por lo general, el coste más elevado y el mayor cuidado que exige el mármol hacen del travertino la mejor opción para proyectos de mayor envergadura. Si, por el contrario, disponemos de un presupuesto más flexible entonces el mármol puede ser sencillamente deslumbrante: en vestíbulos de hoteles, salones de propiedades de alto standing o como decoración de paredes, techos o encimeras. Otra opción es, si no queremos renunciar a la innegable belleza y distinción del mármol, es utilizarlo en espacios pequeños como baños o chimeneas. Aunque a modo de detalle, este no pasará desapercibido.

Hay que tener en cuenta que, aunque el coste sea menor, si nuestra elección es un travertino estaremos escogiendo un material duradero y resistente, pero de calidad similar a la del mármol. Lijadas y selladas, las baldosas de travertino pueden ser empleadas perfectamente en el suelo de viviendas, cocinas, baños y espacios al aire libre. En exterior es donde más partido se les saca. Su superficie rugosa y porosa lo hacen ideal para zonas de piscina, actuando como antideslizante.

Con un mantenimiento y una elección del color adecuados podemos optar entre las dos alternativas, si bien el mármol exige un poquito más de atención. El desgaste ocasionado por el paso del tiempo puede requerir los cuidados de un profesional que nos aconsejará para poder disfrutar durante muchos años de la belleza atemporal de estas piedras naturales.

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